Este jueves 7 de mayo en Cali (Valle del Cauca, Colombia) y a la edad de 96 años -había nacido el 17 de agosto de 1929- ha fallecido uno de los más notables exponentes del atletismo sudamericano de la década del 50 y un verdadero pionero de la proyección internacional de los colombianos. Fue, en efecto, el primero surgido de aquel país en alcanzar el oro panamericano (Buenos Aires 1951) y se especializaba en los 400 metros llanos y con vallas, alcanzando la nominación olímpica, múltiples títulos y récords que marcaron época.
Helio Marinho Gesta de Melo, presidente de Atletismo Sudamericano, emitió la siguiente nota de condolencia:
«Con profunda tristeza, Atletismo Sudamericano comunica el fallecimiento de una de las grandes referencias históricas del atletismo colombiano y sudamericano: Jaime Ignacio Aparicio Rodewaldt.
Jaime Aparicio fue uno de los atletas más destacados de la historia de Colombia, convirtiéndose en el priemr atleta del país en conquistar una medalla en los Juegos Panamericanos y dejando una trayectoria memorable en el atletismo de la región.
Su dedicación al deporte, su espíritu competitivo y su contribucióin al desarrollo del atletismo permanecerán como ejemplo para las futuras genraciones.
La Presidencia de Atletismo Sudamericano expresa sus más sinceras condolencias a sus familiares y amigos, a la Federación Colombiana de Atletismo y a toda la comunidad deportiva de COlombia, y decreta Lucio Oficial por tres días».
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En homenaje a Aparicio transcribimos aquí el capítulo dedicado a su campaña atlética, que se refleja en el libro «Prodigios sobre las vallas» (por Luis Vinker, Biblioteca Digital de Atletismo Sudamericano).
En oportunidad del Campeonato Sudamericano u20, realizado durante el 2019 en Cali, la Confederación Sudamericana homenajeó a tres valores que –además de ser símbolos de esa ciudad- también marcaron distintas épocas del atletismo colombiano en las pruebas sobre 400 metros: Wilson Cañizales (el más cercano en el tiempo), Pedro Grajales (relevante figura de la década del 60) y Jaime Aparicio, el primer representante de ese país con alta calidad internacional.
Pocos días después, Aparicio festejaba sus 90 años de edad. Como lo describió Ricardo Avila, “Aparicio se encargó, quizá sin saberlo, de entreabrir las puertas para que el atletismo colombiano comenzara a brillar en las pistas del continente americano en momentos en que las zancadas de los nuestros no inquietaban a rival alguno. Oteando el pasado, no es exagerado afirmar que Aparicio trazó una línea divisoria entre el fracaso y el éxito, y que fue a partir de sus flamantes actuaciones que comenzó a conjugarse el verbo ganar. Y lo hizo en una época tempestuosa, por allá a finales de los años 40 del siglo pasado, cuando la difícil situación económica y la ola de violencia partidista desangraban el país y las movidas políticas entre conservadores y liberales estaban más pendientes de aniquilar al contradictor que de pensar en el bien común de los colombianos. Un contexto que muchas veces obligó a nuestros deportistas a hacer colectas públicas para representar a Colombia en el exterior. Aparicio, quien nunca se quitaba las gafas para correr, fue el primer atleta colombiano en lograr medallas de oro en los Juegos Panamericanos y Campeonatos Sudamericanos, además de ser el primero en marcar récords para nuestra región”.
Jaime Ignacio Aparicio Rodenwalt, tal su nombre completo, en realidad nació en Lima (17-8-1929, donde se encontraban sus padres, pero desde sus tres meses vivió en Cali. Sus padres eran Abraham Aparicio Rico, un hacendado y ganadero del Valle, y Ernestina Bodewalt. Jaime estudiaba en el Colegio Berchmann, uno de los más exclusivos de esa ciudad, y se destacaba en natación, fútbol y básquet. Pero en ninguno de esos deportes podía utilizar anteojos, que necesitaba desde chico. Y sí pudo hacerlo en el atletismo, que comenzó a practicar a los 16 años. Ninguno de sus cinco hermanos era deportista pero a Jaime lo llamaban “Estrellita” porque rápidamente sobresalió.
Convocado para los juegos colegiales, sorprendió por su velocidad -11s1 en la primera carrera sobre 100 metros- y de inmediato Alberto Galindo Herrera, directivo de la Federación local, y Pionono González, uno de los mejores atletas de ese momento, lo estimularlos para formar en el equipo que iría a Bogotá por el selectivo a los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Aparicio clasificó allí para el que sería su debut internacional, en Barranquilla y con 17 años, compitiendo en los 110 metros con vallas y el relevo corto, sin atravesar la primera fase. Pero meses más tarde, en el primer Campeonato Nacional de Colombia (Bogotá, noviembre de 1947) arrasaba con los títulos y los récords de su país: 50s.0 en los 400 metros, 55.4 en los 400 con vallas y 3m28s6 con la posta 4×400. También ganó el salto en alto con 1,70 m. Ese fue su pasaporte a una nueva experiencia internacional, los Bolivarianos de Lima a fines del mismo año, donde se impuso en los 400 con vallas y fue subcampeón en los 400 llanos.
“Llegó a batir 10 marcas nacionales en 1948, entre ellas el salto alto con 1,80 metros, era muy elástico. Muchas veces hablé con él. En diciembre de 1964 me lo encontré en el centro de Cali y me invitó a un cafecito. Era impresionante caminar con Aparicio en el centro de Cali, todo el mundo lo saludaba: Adiós, doctor Aparicio, y él muy amablemente respondía”, recuerda el ingeniero José Briceño, un gran dirigente y periodista del atletismo colombiano, luego radicado en Canadá.
Como juvenil aún fue incluido en la delegación olímpica para los Juegos de Londres, en 1948. “Londres representaba para mí un sueño que de acariciarlo me asustaba. Ni siquiera llegué a las finales, pero enriquecí mi corta experiencia viendo a los grandes maestros de las pistas. Mi ida a Londres fue un premio por mi título bolivariano en 1947, pero yo no tenía opción de nada”, recordaría mucho después.
Una de sus gestas posteriores se dio en los Juegos Nacionales de Santa Marta, en 1950, donde el equipo del Valle fue preparado por el sueco Rolf Sbamberg. Allí Aparicio venció en los 100, 200 y 400 metros llanos, en 400 vallas y en el relevo corto. “También quería sumar la 4×400, pero a esa altura estaba agotado”. En los primeros Juegos Panamericanos, disputados en 1951 en Buenos Aires, Jaime Aparicio se convirtió también en el primer atleta colombiano con una medalla de oro en ese nivel, al ganar los 400 metros vallas en 53s.4. En las últimas décadas, Colombia se ha convertido en una de las potencias regionales y los triunfos se vienen sucediendo pero lo de Aparicio en su época era una auténtica revelación.
“Algunos comprendimos que el deporte no era recreativo, que necesitaba una disciplina, que debía de dejar de ser recreativo con dos o tres días de entrenamiento a la semana. Nosotros queríamos ser constantes siete días a la semana y prepararnos como grandes. Argentinos, brasileños, eran mis rivales cuando yo viajaba. Y por eso empecé a marcar diferencia y hoy me reconocen por lo que soy, porque fue mi decisión brotar de un lugar donde nadie sabía que había tanto talento”, recordó en otro reportaje reciente. Un artículo de la revista Semana (1949), describía al Aparicio que cosechaba sus primeros triunfos atléticos y que iniciaba sus estudios en arquitectura: “Jaime es visto a las 7 de la mañana en el bus de la línea de San Fernando que le conduce hasta la Facultad, porque es un excelente estudiante de arquitectura. Su interés por la matemática y el dibujo es tan grande como el que tienen por el atletismo. Cuando le es difícil explicar algo, apela al papel y hace dibujos con extraordinaria habilidad. Al concluir sus estudios diarios, se dirige al estadio a practicar”.
Esos estudios, y también sus entrenamientos, continuaron por algunas temporadas en la Florida State University, en Gainesville (EE.UU.), aunque allí tuvo algunas dificultades para adaptarse a las distancias –principalmente las 220 yardas- que predominaban en las pruebas de vallas. No obstante, siguió representando con todo éxito a su país y en 1954 retuvo el título de los 400v en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, y también lideró la formación colombiana en el Sudamericano de Sao Paulo, donde no solo ganó su especialidad, sino que también fue subcampeón sobre 200 metros llanos y cuarto en los 100.

En los Juegos Panamericanos de México, en 1955, logró la medalla de plata con 51s.8, escoltando al estadounidense Joshua Culbreath (51s.5) y mejorando en una décima el récord sudamericano que mantenía uno de sus clásicos rivales, el brasileño Wilson Gomes Carneiro. Aparicio tenía esperanzas con el nuevo turno olímpico, Melbourne 1956, después de que problemas políticos y económicos impidieron la participación en Helsinki. Había brillado en el Sudamericano de Santiago con tres medallas de oro: los 400 llanos en 47s7 (a una décima de su propio récord), 400 con vallas (52s0) y el relevo largo (3m14s6, nueva marca sudamericana junto a Zados Guardiola, Carlos Sierra y Antonio Venegas). Además, fue subcampeón en los 200 metros.
“Pero yo estaba terminando mis estudios y no encontré el ritmo que necesitaba para prepararme a tope. Siempre aparecía un problema, si tenía que dejar de entrenar era porque debía entregar un trabajo o hacer un parcial. Si dejaba de estudiar, era porque tenía competencia, y los permisos eran muy restringidos”. Aparicio corrió bien en Melbourne (52s.14) pero no fue suficiente para ubicarse en las semifinales. Con la aparición de las propuestas de trabajo, el atletismo comenzó a quedar en segundo plano y ya no podía entrenar diariamente.
“Normalmente marcaba 10,5 segundos en cien metros, empecé a subirlo a 10,7. Cuando vi que ya superó los 11, dije ‘no más’ y colgué los zapatos”, cuenta. La decisión llegó tras el Sudamericano de Montevideo, en 1958, donde escoltó al brasileño Ulisses Laurindo. Volvió a su trabajo como secretario de Obras Públicas en la alcaldía de Cali, pero no a su rutina de entrenamientos en el Estadio Pascual Guerrero. Otra vida comenzaba. También jugó vóleibol por algunas temporadas e integró la selección caleña en algunas ocasiones, pero la profesión fue acaparando su actividad. Desde entonces, Jaime Aparicio descolló como arquitecto y, también, como dirigente deportivo, fue uno de los impulsores de aquella gesta de Cali 71 (Juegos Panamericanos), presidente de la Liga Valleucana y miembro de la comisión técnica del Comité Olímpico de su país, entre otros cargos.
Padre de cuatro hijos –María Mercedes, Ana Isabel, Jaime Ernesto y Luisa-, dominaba seis idiomas (uno de ellos el japonés) y sus intereses iban desde la Antropología hasta la Astronomía, en la que promovió un congreso internacional en su país. Pero su llama atlética no se apagó nunca, es la iluminó a los deportistas colombianos desde aquellos tiempos fundacionales.
CAMPAÑA INTERNACIONAL
1946 Juegos Centroam y Caribe (Barranquilla) 110 vallas 4h3 – Posta 4×100 4h1
1947 Juegos Bolivarianos (Lima) 400 llanos 2° 49.9 – 400 vallas 1° 55.9 – Posta 4×400 4°
1948 Juegos Olímpicos (Londres) 400 llanos 4h2 50.8 – 400 vallas 4h1 55.1 –
1950 Juegos Centroam y Caribe (Guatemala) 400 vallas 1° 54.9
1951 Juegos Panamericanos (Bs Aires) 400 vallas 1° 53.14 – Posta 4×100 5°
Juegos Bolivarianos (Caracas) 400 vallas 1° 55.4 – Posta 4×100 3° – Posta 4×400 3°
1954 Cto. Sudamericano (Sao Paulo) 100 llanos 4° 10.7 – 200 llanos 2° 21.7 – 400 vallas 1° 52.2
Juegos Centroam y Caribe (México) 400 vallas 1° 53.35 – Posta 4×400 6°
1955 Juegos Panamericanos (México) 400 vallas 2° 51.8 – Posta 4×400 6°
1956 Cto. Sudamericano (Santiago) 200 llanos 2° 21.7 – 400 llanos 1° 47.7 – 400 vallas 1° 52.0 – Posta 4×400 1° 3:14.6
Juegos Olímpicos (Melbourne) 400 llanos 5h2 49.14- 400 vallas 3h3 52.14
1958 Cto. Sudamericano (Montevideo) 400 llanos 4° 49.5 – 400 vallas 2° 52.6
SUS RECORDS SUDAMERICANOS
400 metros llanos (manual)_ 47.6 a Bogotá 18.03.1956
200 m. con vallas (manual) 24.0 a Bogotá 29.11.1948
400 m. con vallas (electrónico) 56.15 México 07.03.1954
53.35 México 08.03.1954
52.14 Melbourne 23.11.1956
400 m. con vallas (manual) 51.8 a México 14.03.1955
Posta 4×400 metros 3:14.6 Santiago CHI 22.04.1956 (Aparicio – Guardiola – Sierra – Venegas)
Jaime Aparicio al tope del podio en los 400 metros vallas de los I Juegos Panamericanos, Buenos Aires 1951.



