Ralph Boston, uno de los más grandes saltarines de largo en la historia atlética, acaba de morir este 30 de abril a los 83 años en Peachtree City, un suburbio de Atlanta, en Georgia. Sufrió un derrame cerebral, según informó su hijo Todd. Boston, el hombre que acabó en esa especialidad con el legendario récord que Jesse Owens había fijado en 1935, tuvo un previlegio: subió al podio en tres oportunidades consecutivas en los Juegos Olímpicos (oro en Roma 1960, plata en Tokio 1964, bronce en México 1968). Y su nombre sólo quedó eclipsado porque en aquellos Juegos de México, uno de sus discípulos -a quien el mismo Boston venía entrenando- fijó en su segundo intento la que, aún hoy, se considera la marca atlética más espectacular de todos los tiempos (Bob Beamon con sus 8.90 metros).
Boston batió por ocho centímetros el récord de Owens (8.13), el 12 de agosto de 1960 en Walnut, California . Owens, el Antílope de Ebano y uno de los mayores héroes en la historia del atletismo mundial desde su hazaña de las cuatro doradas en Berlin 1936, expresó: «Estoy feliz de ver que se rompió el récord, y estoy agradecido de que se haya mantenido durante tanto tiempo”.
Tres semanas más tarde, Boston se adueñó del oro olímpico en la capital italiana. Aunque su condición de campeón de la NCAA en Berkeley con 7.76 lo convertía en un contendiente al máximo cetro olímpico, en Roma se trataba de su primera competición internacional. La saldó con el triunfo en 8.12 m., aventajando por un centímetro a su compatriota Bo Robertson. “Esa noche, mi vida cambió para siempre” recordó.
Boston había emergido como una figura emergente desde la Tennessee State University, que en aquella época se conocía como Universidad Estatal, Agrícola e Industrial.
Luego de los Juegos de Roma, libró intensos duelos con el soviético Igor Ter-Ovanesyan (posteriormente directivo de su federación atlética). Boston volvió a batir el récord con 8.24 en mayo de 1961 en Modesto y 8.28 en julio (durante el match USA-URSS en Moscú). A su vez, Ter-Ovanesyan viajó a Boston en 1962 y lo llevó hasta 8.31, pero Boston lo igualó en Kingston (1964) y lo batió con 8.34 en los Trials olímpicos del 64. Esa vez también había registrado un salto de 8.49 en Los Angeles, pero con viento a favor de 2.6ms, no homologado, que fue el mejor de su vida.
Los Juegos en Tokio ofrecieron una apasionante lucha entre el británico Lynn Davies, Boston y Ter-Ovanesian. Los 8.07 de Davies en la cuarta ronda lo encumbraron en la punta, que ya no iba a ceder. El soviético saltó 7.99 que relegaba a Boston al bronce, pero este, en su último salto, llegó al 8.03 que le dio la medalla de plata. Davis, oriundo de Gales, tuvo que agradecer bastante al clima de esa jornada (lluvia, viento y frío) al que podía adaptarse mejor.
El sexto récord mundial de Boston fue de 8.35 en 1965, nuevamente en Modesto el 29 de mayo, igualado por el soviético dos años más tarde. Hasta que llegó Beamon y arrasó con todo.
Beamon ya venía avisando de su progreso al ganar los Trials con 8.39 ventosos, donde Boston marcó 8.26, también con viento a favor. En los Juegos, Boston poco pudo hacer frente al prodigio Beamon -al que animó en todo momento- y sus 8.16 le alcanzaron para el bronce, precedido por el alemán Klaus Beer por tres centímetros. Los 8.90 de Beamon perduraron como récord mundial hasta 1991, cuando en el más extraordinario duelo de la historia Mike Powell llegó a 8.95 y batió a Lewis. Pero aún hoy los 8.90 resultan inaccesibles para la elite del salto en largo,
«Fue fácil terminar mi carrera. Gané un oro, una plata y un bronce en ese orden. No hay nada para el cuarto lugar, así que solo dije, ‘bien, eso es suficiente», recordó Boston que luego fue comentarista en televisión para la CBS y la ESPN.
También había visitado Sudamérica: fue para los Juegos Panamericanos de Sao Paulo, en 1963, donde se adueñó de otra medalla de oro con 8.11, delante de su compatriota Darrell Hon con 8.02 (allí fue tercero el venezolano Juan Muñoz con 7.46), que iba a mantener cuatro años más tarde en Winnipeg, Canadá. Esta vez su triunfo fue con 8.29 y segundo quedó Beamon con 8.07, mientras que el brasileño Nelson Prudencio –luego subcampeón olímpico de triple- fue 10° con 6.91. Dentro del atletismo Boston también había incursionado en pruebas como 110 metros con vallas (donde corrió en 13.7), salto en alto y salto triple.
La seguidilla olímpica de Boston recién sería superada por otro gigante estadounidense, Carl Lewis, quien se llevó el oro en cuatro ediciones consecutivas entre 1984 y 1996. “Estoy devastado por la muerte de Ralph. De niño lo idolatraba y fue una gran influencia en mi vida. Echaré de menos su voz y su apoyo. Cambió el deporte como atleta, defensor y mentor. Saltadores, conoced su nombre. Descansa con los grandes«, expresó Lewis esta semana.
Ralph Harold Boston nació el 9 de mayo de 1939 en Laurel, Mississippi, a unas 85 millas al sureste de Jackson, hijo de Peter y Eulalia Boston. Su madre era ama de casa, su padre un bombero de ferrocarril que se dedicó a la agricultura después de perder el ojo derecho en un accidente de caza. Ralph, el menor de 10 hijos, ayudaba a su padre en el campo antes de ir a la escuela. En Oak Park High School en Laurel, se convirtió en un atleta estrella, estableciendo marcas nacionales de colegio secundario en pruebas de vallas. Como estudiante de bioquímica en la Tennesse State University compitió en velocidad, vallas, largo y triple. “Me convertí en saltador de largo por casualidad. Quería jugar fútbol americano pero a mi madre no le gustaba. Y su opinión prevalecía”, le contó alguna vez a la tv local.
Boston se casó con Geneva Jackson Spencer en 1962. La pareja tuvo dos hijos, Todd y Stephen, antes de que el matrimonio terminara en divorcio en 1971. Además de sus hijos, le sobreviven dos hermanas, Eugenia Angel y Bettye Beverly; un hermano, Carlos; tres nietos; y nueve bisnietos.
Al retornar de Roma con el oro olímpico solo podía entrar en restaurantes, micros y servicios para su raza. “Era un ciudadano del mundo, pero no un ciudadano de Mississippi” recordó. Entonces, tomó las herramientas de su padre y construyó una pista de atletismo y saltómetros. Poco después, en 1972, los ladrones entraron en su casa de Knoxville y además de llevarse sus aparatos -tv, tocadiscos- también se quedaron con sus medallas.
Entre 1968 y 1975 trabajó como coordinador de gestión para las minorías y vicedecano en la Universidad de Tennesse. Fue entrenador de atletismo en la Tennesse State, cuya directora actual -y ex campeona olímpica- Chandra Cheesborough expresó: “Ralph era humilde, simplemente un hombre especial”.


