Por LUIS VINKER
El atletismo mundial viene ofreciendo, en los últimos meses, una serie de récords espectaculares. En el segmento de carreras de calle y ruta está el hito que significó quebrar la barrera de las dos horas (Sabastian Sawe y Yomif Kejelcha en abril, en Londres) y lo que el etíope consiguió el 23 de agosto en Buenos Aires sobre el medio maratón por debajo de 57 minutos. Y en las pruebas de pista y campo ya son costumbre las conquistas del garrochista Mondo Duplantis, por ejemplo, quien se ha elevado hasta los 6.31 m hasta el momento y viene protagonizando vibrantes duelos con el griego Karalis. En esa misma línea hay que anotar lo sucedido este jueves 27 de agosto en uno de los escenarios tradicionales de este deporte, el estadio Letzingrund de Zurich, donde en poco más de media hora cayeron dos récords del mundo: el brasileño Alison Brendom Alves dos Santos llevó a 45 segundos y 80 centésimos la marca de los 400 metros con vallas y la estadounidense Masai Russell, a 12.09 el registro de los 100 metros con vallas.
Pero vamos a concentrarnos en el brasileño, ya que por varios motivos ese récord ingresa en el terreno de lo “estratosférico” (aunque dada la evolución técnica y física del atletismo tal vez no se trate de la última palabra).
Los 400 metros con vallas –en esencia, una vuelta a la pista de atletismo atravesando diez obstáculos de 0.91m cada uno- constituye una de las pruebas de mayor atracción y belleza, que requieren de sus cultores una combinación de velocidad, potencia, fuerza sicológica (sobre todo para afrontar el último tramo) y ductilidad (propia de un gimnasta para afrontar cada obstáculo). La Argentina llegó a contar con un valor de primera clase seis décadas atrás, el recordado “Juansón” Dyrzka, cuyos de 49.82 en las eliminatorias olímpicas de los Juegos de México, en 1968, lo instalaron en semifinales y tuvieron casi medio siglo de vigencia como récord nacional.
El nombre histórico de esta disciplina se llama Edwin Moses, estadounidense, a quién tuvimos la oportunidad de recibir en Buenos Aires (1980) y de ver en unas cuántas de sus múltiples e imbatibles intervenciones. Esta leyenda del atletismo mundial dominó a voluntad los 400 metros con vallas por más de una década, en la que estuvo invicto a lo largo de 120 carreras hasta colocar el récord del mundo en 47.02, en 1983. Moses había aparecido hace exactamente 50 años, cuando logró la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Montreal, un logro que repitió en Los Angeles 84. Y si le faltó un tercer oro fue simplemente por el boicot de su país a los Juegos Olímpicos de Moscú 80. En la época de Moses se competía sólo por el segundo puesto… hasta que el alemán Harald Schmid, su “eterno escolta”, consiguió batirlo en Madrid. Seúl 88, con medalla de bronce, marcó la despedida de Moses. Su compatriota Kevin Young, quien llegó 4° en esa carrera, iba a escalar al título olímpico cuatro años más tarde en Barcelona. Y lo hizo a lo grande, al batir el récord del mundo con 46.78 en una demostración impecable.
Edwin Moses, bicampeón olímpico
El registro de Young pareció inaccesible para varias generaciones de especialistas, durante casi tres décadas. Recién en los últimos tiempos, y casi en pandemia, aparecieron nombres capaces de “atacar” el récord. Uno de ellos es el noruego Karsten Warholm, un perfecto producto de la gran maquinaria deportiva de su país, con todos sus avances técnicos en la preparación. Warholm se había destacado en sus tiempos de junior como decathleta, es decir que tiene un dominio físico de casi todas las fases del atletismo de pista y campo. El otro dotado que le compite de igual a igual es el estadounidense Rai Benjamin (quien se destaca por su velocidad, es también uno de los mejores del mundo en los 400 metros llanos). Y en simultáneo surgió, desde el interior de las tierras paulistas, el brasileño Alison, popularmente conocido como “Piu” en el ambiente atlético.
Dentro de las complicadas condiciones en las que se desarrolló el ciclo olímpico alrededor de los Juegos de Tokio (y allí, con el Estadio Nacional vacío), Warholm, Benjamin y Alison llevaron los 400 metros con vallas a una nueva dimensión. El mes anterior, Warholm ya había avisado de su espléndido estado de forma al apoderarse del récord con 46.70 en el Bislett de Oslo, un estadio que junto al citado Letzingrud tienen el “aura” de las grandes tradiciones atléticas. Y en los Juegos, protagonizaron la carrera más espectacular de todos los tiempos, con Warholm quebrando por primera vez la barrera de los 46 segundos: 45.94. La medalla de plata fue para Benjamin –quien también superaba el récord anterior, con 46.17- y el bronce para Alison, un logro que iba a repetir tres años más tarde en París.
Si correr los 400 metros planos –sin obstáculos- por debajo de 46 segundos ya es muy difícil… hay que imaginarse lo que significa hacerlo con las diez vallas de este mismo recorrido. O, trasladando a otra cuestión… ¿cuánto hubieran marcado Warholm en aquella jornada de Tokio o Alison este jueves en Zurich si el recorrido hubiera sido totalmente plano?. Solo ingresa en el terreno de la imaginación (por ahora, el récord de los 400 llanos está en 43.03, fijado hace una década por el sudafricano Wayde van Niekerk en los Juegos Olímpicos de Rio.
Karsten Warholm, Tokio 2021: primer hombre debajo de 46s
A lo largo de estos últimos años, el trío dorado se repartió títulos y medallas en las citas más relevantes, olímpicas y mundiales. Benjamin se llevó la corona olímpica en París, mientras que el brasileño alcanzó su máximo logro en el Mundial de Oregón 2022 cuando ganó con 46.29, que era su mejor registro… hasta ahora. Oriundo de Sao Joao de la Barra, en el interior paulista, después de atravesar una infancia difícil y de llegar al atletismo como un verdadero prodigio juvenil, Alison cuenta con la guía técnica del profesor Felipe Siqueira y entrena en Clermont (Florida), una de las bases de velocistas y vallistas para la elite estadounidense. Tres años atrás sufrió una lesión que requirió de operación y una pausa larga en sus preparativos pero, en base a su voluntad y mentalidad competitiva, consiguió retornar y alcanzar la final mundialista de Budapest. Y desde la temporada siguiente se reinsertó en este trío notable que está haciendo historia.
Los comienzos de Alison ya son conocidos. Nacido el 3 de junio del 2000, tenía apenas diez meses cuando sufrió un grave accidente. Se le derramó el contenido de una sartén que manipulaba su abuela, sufrió quemaduras de tercer grado y pasó cuatro meses en el hospital de Barretos. Aún son visibles las cicatrices en su frente, rostro, pecho y brazo izquierdo, por lo que usa gorras para proteger su piel sensible al sol. Su primer deporte fue el judo, pero a los trece años comenzó a practicar atletismo en la Escuela Técnica Pedro Badran de su ciudad natal, São Joaquim da Barra. Y allí uno de sus profesores le aconsejó entrenar en el Instituto que lidera el ex velocista y medallista olímpico de relevos, Edson Luciano Ribeiro. “Cuando lo vi, mientras entrenaba en una pista de tierra, pensé que era muy bueno, por su altura, su coordinación y su velocidad”, dijo su primera entrenadora, Ana Claudia Fidelis.
Rápidamente se ubicó entre las promesas brasileñas sobre 400 metros y 400 con vallas, y en el Mundial u18 de Nairobi (2017) logró el 5° lugar en esta prueba, además de llevarse una medalla de oro con el relevo mixto 4×400.
Con apenas 19 años en el 2019, tuvo un despegue excepcional, arrasando con todos los títulos posibles (panamericanos juvenil y adulto, sudamericano de mayores y u20, Universiada) y sorprendiendo al instalarse en la final del Mundial de Doha. Su mejor registro de esa temporada de 48.29 era el tercero mundial de la historia entre los juniors.
Tokio 2021 marcó su instalación en el “trío dorado”. Y un año más tarde en el Estadio Hayward Field, en Eugene (Oregón), concretó lo que hasta estos días era su mayor hazaña: el título del mundo con 46.29, delante de Rai Benjamin. En esa carrera Warholmo sólo pudo ser séptimo con 48.42, ya que venía de un desgarro que le impedía luchar a pleno. Era su primera derrota en casi cuatro temporadas –desde Otrava 2018- pero luego pudo recuperarse. Fue justamente en aquellos días cuando Alison profetizó: “Si Warholm pudo bajar los 46 segundos, otros también podremos lograrlo. El abrió el camino y sueño con lograrlo”.
Rai Benjamin, el vencedor en el París olímpico del 2024, delante de Warholm y Alison
Pero en febrero del 2023, fue Alison el que se lesionó: menisco lateral de la rodilla derecha en febrero de 2023 durante un entrenamiento en São Paulo, lo que lo obligó a una operación y a una pausa en la actividad. Aún así, alcanzó a retornar a las competencias y participar en el Mundial de Budapest, donde consiguió un meritorio 5° puesto con 48.10, mientras Warholm recuperaba su cetro con 46.89 delante de Kyron McMaster, de Islas Vírgenes, y Benjamin.
De allí en más, el trío dorado se mantuvo en el liderazgo de los 400 vallas. Y Alison avizoraba un gran 2026. Como describió ahora Jeff Halloway en Track and Field News “tras lograr un sensacional récord mundial de 45.80, Alison ha consolidado oficialmente su estatus como el actual rey de las vallas. Y aunque el estadio Letzigrund (y el resto del mundo) quedaron boquiabiertos, el propio Alison no se mostró demasiado sorprendido por su actuación. Ya desde el principio de la temporada había visto indicios de que tenía el potencial para batir el récord, empezando por la prueba inaugural de la Liga de Diploma en Shaoxing/Shanghai, China, en mayo, sobre los 300 metros vallas, donde corrió en 33,01 segundos para ganar una reñida carrera contra Warholm”.
A principios de este 2026, Alison había firmado sus mejores marcas en distintas pruebas (200 llanos con 20.39 y 400 llanos con 44.38, ambas en Gainesville). Y luego de aquel paso por Shanghai se mostró imperial sobre 400 vallas con sus vitorias en Xiamen (46.72), Estocolmo (47.11) y Oslo (46.89). EL mes pasado hizo las delicias de sus compatriotas al aparecer en el renovado Parque Ibirapuera para lograr un doblete en el Trofeo Brasil con 44.60 en los 400 planos y notables 46.48 en los 400 vallas. Y en vísperas de la cita de Zurich también estuvo en la Diamond League de Chorzow/Silesia con 46.43, que renovaron su confianza sobre su estado de forma: “Sabía que estaba listo para el récord”, aseguró.
Finalmente llegó. Y allí estaba nada menos que Edwin Moses para felicitar a Alison. Encuentro de colosos.
En esta misma historia, Brasil ya ofreció otros nombres de primera clase mundial (Adhemar Ferreira da Silva y sus sucesores en el triple salto, Joaquim Cruz en el mediofondo, actualmente el marchista Caio Oliveira de Sena Bonfim, Maurren Maggi o Fabiana Murer entre las y varios nombres más con títulos mundiales y olímpicos). Alison está en esa nómina y su progresión, todavía, es incalculable. Un superdotado.
Alison Brendom Alves dos Santos, Trofeo Brasil 2026… vísperas de la epopeya de Zurich




