Por RUBEN AGUILERA /fb
Se llama Jefferson Leonardo Pérez. Nació en Cuenca, Ecuador el 1 de julio de 1974 y es una de las leyendas viviente del deporte mundial. Fue el primer deportista ecuatoriano en consagrarse campeón olímpico. Ello aconteció en 1996 en los Juegos de Atlanta cuando se impuso en los 20 km de marcha. En 2008 en Beijing fue medallista de plata en la misma distancia.
Ha sido triple campeón mundial de esta disciplina en los años 2003 (París), 2005 (Helsinki) y 2007 (Osaka). Asimismo fue campeón mundial junior en Seúl 1993, además de tres veces vencedor en la Copa el Mundo 1997 (Poděbrady), 2002 (Turín) y 2004 (Naumburg)).
Tiene en su palmarés tres títulos de campeón de los Juegos Panamericanos. El primero de ellos en nuestra ciudad, Mar del Plata en 1995 –en el hermoso circuito costero- y luego en los de Santo Domingo 2003 y Rio de Janeiro 2007.
Las Copas Panamericanas de marcha lo tuvieron de ganador en el 2003 en Tijuana y 2007 en Camboriu y en el 2002 fue campeón iberoamericano en Guatemala.
Jefferson ha ganado ocho ediciones de la Copa Sudamericana de marcha a nivel de mayores (1994, 1995, 1996, 1997, 1998, 2000, 2001 y 2006; tres como juvenil (1990, 1991 y 1992) y uno como menor (1990). Además triunfó en dos ocasiones en el Campeonato sudamericano de 20 km, como mayor, en 1993 y 2005, en cinco más como juvenil (1989, 1990, 1991, 1992, 1993) y uno como menor (1990). También ha sido campeón panamericano junior (1993).
Este deportista sin par en la historia del deporte ecuatoriano e internacional, que a su vez es Ingeniero, preside actualmente a la Federación Ecuatoriana de Atletismo y hace pocas horas fue designado presidente del Comité olímpico Ecuatoriano.
Conozco a Jefferson hace décadas, desde los años 90, de sus primeros tiempos en los campeonatos sudamericanos, llevado de la mano de Luis Chocho San Martín, aquel recordado entrenador fallecido hace cinco años. En Cuenca, su ciudad natal, conocí los lugares donde entrenaban, y también a Fausto Mendoza quien presidió a la Ecuatoriana tras el retiro de Jacobo Bucaram, a quienes debe ese país sus desvelos por posibilitar el crecimiento de esta disciplina, desde la nada, a constituirse en ejemplo en el mundo.
También cuento entre mis amigos del deporte a su técnico de sus últimos años, al colombiano Enrique Peña, otro grande de la docencia deportiva, quien lo guió hacia la consagración olímpica.
Fui oficial técnico, Jefe de jueces, delegado técnico, o incluso espectador, en muchas de sus conquistas como aquella inolvidable de París en el 2003, emergiendo por la puerta de maratón, desde el circuito, para ingresar al Estadio Stade France en Saint- Denis.
Cuando me tocó realizar, a pedido de Amadeo Francis, Presidente de la Comisión Atlética Panamericana, el libro con la historia de las Copas Panamericanas elegí sin dudar que en su portada estuviera la figura de Jefferson, un ejemplo como deportista y persona de bien.
Hoy ese gran deportista llega al pináculo dirigencial de su país con los conocimientos necesarios, por haberlos vivido, de todas las dificultades que sufre el deporte amateur. Y arriba con un bagaje muy importante que le aportan sus estudios que incluyen administración deportiva. Herramientas necesarias para intentar un cambio en la matriz deportiva de Ecuador.
Al amigo del deporte, y a su país, les hago llegar mis mejores deseos en esta etapa. Quizás bajo la tutela de este hombre que conocí de muy joven, Ecuador pueda conducir un ciclo que los lleve a organizar, no muy lejos en el tiempo, unos Juegos Deportivos Panamericanos. Un sueño que Argentina, Brasil, Chile, Colombia , Perú y Venezuela ya han cumplido entre los países de esta Sudamérica que nos cobija. Enhorabuena Jefferson




