Por Felipe Santibáñez / EMOL / Chile
Hugo Catrileo afirma que fue un punto de inflexión en su carrera. Fue a correr un maratón a la Argentina y un rival sin muchos galones le sacó dos minutos de ventaja en apenas diez kilómetros. En ese momento, se habló a sí mismo con tono severo y se dijo: “Oye ¿estoy dedicándome a esto a medias o como si fuera un trabajo? Estoy perdiendo mi vida, voy a terminar siendo alguien frustrado, sin resultados”.
Ya ha pasado un tiempo y el cambio se nota. Hoy Catrileo tiene 26 años y ha realizado una gran temporada. En el maratón de Sevilla hizo 2:12:17, récord personal y segunda mejor marca chilena de la historia (detrás de Carlos Díaz, quien en esa carrera fijó el récord). También se proclamó campeón nacional de medio maratón y conquistó los 21k de Santiago. Pero su gran desafío eran los Juegos Panamericanos.
El apellido Catrileo proviene de dos palabras del mapudungun: “katrü” que significa corte y “lewfü”, que significa río. Hugo es de la comuna de Saavedra, en la Región de la Araucanía. Relata que es “un lugar sin contaminación social”, donde él vivía “más conectado con la naturaleza que con el mundo de la ciudad”
“Vengo de un origen bien sencillo, humilde. Nunca tuve plata, pero nunca me faltó para comer. Para vestirme no tenía, pero no era una necesidad. Mi mamá es dueña de casa, mi papá trabaja cultivando. Nosotros cuando chicos trabajábamos con él, los veranos. Más que vacaciones eran días de trabajo, cultivar papas, cortar el trigo a mano, cultivar avena. Al final en las vacaciones trabajaba más que cuando iba al colegio”.
Recuerda que jugaba pateando botellas y piensa que quizá pudo ser futbolista. El atletismo lo descubrió en el Liceo Luis González Vásquez, en Nueva Imperial, y comenzó su camino en este deporte hace una década. Debía ir a entrenar a Temuco. Sus papás le daban plata para el micro, pero se quedaba corto. Y empezó a vender kilates en el colegio para costear la movilización.
Cuando egresó de la enseñanza media entró a estudiar para preparador físico en la Universidad Católica de Temuco. Nunca dejó de correr, pero reconoce que tuvo “un desvío”.
“Hubo una etapa en la que no obtenía resultados. YO estaba desenfocado. Con la pandemia estuve un poco retirado del deporte porque no tenía objetivos. Tenía carreras que después se bajaban, no tenía cómo motivarme”.
Tras aquella carrera en la Argentina en la que le sacaron amplia ventaja, se puso a entrenar en serio nuevamente. Pero no fue fácil. NO tenía nada, no había auspiciantes y los resultados no le permitían optar a una beca estatal. Salió a buscar trabajo. Primero le prestó servicios a empresas forestales.
“Trabajaba buscando muestras de plagas en los árboles, Veíamos si había manchas, si los árboles pequeños no crecían, si había contaminación. Le llevaba las muestras al experto”.
Después fue vendedor en una compañía de telecomunicaciones. Sin embargo, hace unos meses lo despidieron. “No estaba rindiendo, le dedicaba más tiempo al deporte. Ese ingreso me servía pero cuando uno no cumple, tienen que echarlo…”
Catrileo habla de “silenciar el ruido” y de “asumir las pruebas de carácter”. Los resultados llegan de a poco. También los auspicios. Actualmente está con marcas como Adidas y Gatorade, recién hoy se considera un profesional.
La preparación para los Juegos Panamericanos la hizo en la altura, en México.
Su esfuerzo dio resultado con la medalla de plata.


