El atletismo sudamericano ha protagonizado grandes momentos a lo largo del historial del Campeonato Mundial, surgido hace casi cuatro décadas (Helsinki 1983). Sin embargo, ninguno en la cantidad que ha logrado ahora en la cita de Eugene, Oregón, que acaba de concluir en el mítico estadio Hayward Field. A pesar de las múltiples dificultades que tienen que afrontar los atletas de nuestra región -un déficit de infraestructura y capacidad económica de larga data, que los hace llegar en cierta inferioridad al primer plano frente a los países más desarrollados- la calidad de nuestros valores y muchas veces el trabajo de sus preparadores y equipos organizativos han permitido un despegue muy meritorio. Se había percibido un año atrás, durante los Juegos Olímpicos, y se ratificó ahora.
Es la primera vez que el atletismo sudamericano cosecha cuatro medallas de oro en un mismo Campeonato Mundial. El que inauguró la cadena de títulos fue el marchista ecuatoriano Jefferson Pérez sobre 20 km. en París 2003, título que repitió en dos oportunidades. Y desde entonces, nuestros atletas acumulan 15 doradas en los Mundiales.
Y también, por primera vez se alcanzan las 16 posiciones de finalistas en top-8, mejorando en una la conseguida tres años atrás en Doha.
La marchista peruana Kimberley Gabriela García alcanza su consagración internacional, que ya venía insinuando desde la Copa de Omán en marzo, y ahora con un sorprendente doblete de 20 y 35 kilómetros. Es, sin dudas, la mayor hazaña en toda la historia del atletismo peruano (nunca había tenido un finalista top 8) y, tal vez, una del mayores hazañas en la historia del deporte de su país.
Más previsible era el triunfo de la venezolana Yulimar del Valle Rojas, campeona por tercera edición consecutiva del salto triple, especialidad donde -por ahora- no asoman rivales para acercarse a sus grandes registros. Recordwoman mundial en Belgrado 2022, tricampeona mundial indoor y tricampeona outdoor, campeona olímpica en Tokio y subcampeona en Rio 2016, Yulimar ya es leyenda, bajo la guía técnica del cubano Iván Pedroso.
Y el trío de nuestros campeones en Eugene se completó con ese joven-gigante brasileño llamado Alison Brendon Alves dos Santos, cuya marca de 46 segundos y 29 centésimas para la victoria en los 400 metros con vallas -y plusmarca sudamericana- resulta sencillamente asombrosa, dejando atrás al subcampeón olímpico Rai Benjamin, entre otros fenómenos de esta difícil disciplina.
La revelación se llamó Leticia Oro Melo, a quien nadie esperó tan alto (medalla de bronce) ni siquiera que atravesara la clasificación, tras una larga inactividad por lesión. Sus 6.89 metros en salto en largo constituyen el tercer registro histórico de Sudamérica y sorprendió a casi todas sus rivales, mucho más fogueadas en la alta competición. De este modo se alzó con una sorprendente medalla de bronce en la prueba que dominó la campeona olímpica, la alemana Mihambo.
Junto a los medallistas, estuvieron dos atletas brasileños que ratificaron una vez más su alta competitividad y jerarquía internacional: Darlan Romani en lanzamiento de bala y Thiago Braz da Silva en salto con garrocha, ambos en el cuarto puesto. También fue cuarto el ecuatoriano Brian Pintado en la marcha de 35 kilómetros, erigiéndose en la avanzada de una disciplina que tantas satisfacciones viene brindando al atletismo de nuestra región y donde mantienen su vigencia nombres como Caio Oliveira Sena Bonfim y el colombiano Eider Arévalo.
La nueva generación de sprinters brasileños devolvió a su equipo de 4×100 a una final entre las potencias, mientras que el chileno Humberto Mansilla se dio el gusto de ubicarse en la final del lanzamiento del martillo. Al igual que en los Juegos de Tokio, la panameña Gianna Woodruff se instaló entre las finalistas de los 400 metros con vallas -tras mejorar el tope sudamericano- y participó en una prueba para el asombro, aquella donde Sydney McLaughlin fijó sus «estratosféricos» 50s.68. Almir Cunha dos Santos en triple, Daniel Ferreira do Nascimento en maratón y Viviane Santana Lyra con su progresión en la marcha femenina fueron otros de los nombres que iluminaron el pasaje sudamericano por Eugene.


